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lunes, 14 de junio de 2010

Callejeando

La mañana empieza en blanco, negro y gris. Paseo por la ciudad en la mejor compañía. Vuelta desde la Tabacalera, con el pálpito latente de tanta belleza, sucia descuidada y perfecta. Paso junto al recuerdo en chatarra de otro tiempo. Giro en Valencia y sonrío ante la borrosa estampa de la felicidad. Después Argumosa, Lavapies, Tribulete....

Cruzo desde la calle del Casino, a través del sordo bullicio de los destartalados tenderetes de calcetines y navajas, camino del descanso momentaneo, tosta en mano, frente al mercado de la Puerta de Toledo.

Madrid huele a domingo y sabe a tarde contigo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Vuelta

Por fin es viernes.

Dejo el coche aparcado junto a esa dichosa línea azul. Salgo y camino cansado bajo los perpetuos andamios oxidados que cubren las paredes de la acera de los impares de la calle Palencia. Con esa polvorienta y ajada tela marrón y verde, como un manto de hojas caídas empujadas por el viento en la vertical de un decrépito edificio de 7 plantas.

Acelero el paso bajo los postes metálicos que apuntalan la estructura, mientras siento el suave cosquilleo del viento frio de septiembre en la nuca. A través de los edificios del otro lado de la calle, se divisa un cielo de un gris mortecino, apenas cálido, más bien templado y melancólico.

Mientras doblo la esquina, siento el calor asfixiante de los ventiladores de la ensordecedora máquina de aire acondicionado de la tienda de la esquina. Vuelven a mi mente las imágenes del último septiembre: casa y sofá, café y abrazos, besos y tardes al calor de una vieja manta compartida.

Me encanta el otoño junto a ella.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Mal sueño

Voy corriendo sin control, sin brújula y sin esperanza. Miro a mi alrededor y sólo veo una nube negra que me rodea y no me deja ver hacia dónde me dirige la deriva de mis pies que se mueven sin control y sin sentido.

Sin rumbo, sin esperanza, desahuciado, solo, condenado a caer por ese terrible precipicio que se dibuja ante mí, detrás de esa densa neblina que decolora mi alma y entristece mi corazón. Llega el precipicio y caigo por un abismo infinito que cada vez es más oscuro.

De repente despierto. Aparto de mi frente el frío sudor que arrastra esta pesadilla y vuelvo la vista hacia mi izquierda. Allí estás tú. Inmóvil pero palpitante, como un foco de luz, un faro que me guía en la niebla inconsciente de mi inseguridad. Como las luces de la ciudad que se dibujan al fondo de la carretera el domingo por la noche, de vuelta a casa; anunciando el calor del colchón junto a tu cuerpo.

Y vuelvo a dormir con la certeza de saber que mientras sigas ahí habrá calor, y rumbo, y sentido...

Y felicidad.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Sabineros

Ese neón. El eterno símbolo. Tan familiar. Lleno de nostalgia y recuerdos, como el rincón favorito de casa. En realidad es uno de esos rincones. El que veías desde tu más tierna infancia a través de esa caja llena de ilusiones que se fue deteriorando hasta llegar al cubo de basura que es hoy.

A ese neón, a ese rincón volví hace ya tres noches. Con la mejor compañia imaginable tanto encima del escenario como junto a él, contemplandolo con ilusión. Un placer para los sentidos y los sentimientos.

Para el oido por escuchar las melancolias y desvaríos de Sabina en boca de otros genios locos que le acompañaron y le acompañarán tantas veces.

Para la vista por poder contemplar admirado la destreza, la humildad y la cercania de un grupo con tanta calidad musical y humana.

Para el gusto, el tacto el olfato por paladear tus besos al ritmo de la música, por sentir tu rubor y el mío mientras disfruto de la frangancia de tu cuello escuchando "Y sin embargo".

Gracias.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Madrid Deshabitado

Madrid, deshabitado como mi colchón
el verano en que me hice mayor,
y ella que ya no llama.

Tanta ciudad y tan poco por hacer,
gente que sueña su siesta y que
mira por la ventana.

Gente que miente por un trozo de calor,
que reza por que pare el ascensor,
atrapado contigo.

Madres que pieden a sus hijos al nacer,
buscando entre tus piernas lo que ayer
han dado por perdido.

Bares en los que la calma y la cerveza
salvan nuestra vida, y mi cabeza
soñando estar bajo tu ropa.

Promesas que se dicen en la cama,
luces que se clavan en tu espalda,
deja que yo te vista ahora.

Bajo unas ruedas mi mala sombra arrojaré,
quizás así interprete ese papel
en el que soy tu abrigo.

Mujeres que quizás hoy no puedas pagar
cuestionan con sus labios la verdad
de que aún seguimos vivos.

Kilómetro Cero,
respira en el centro de la ciudad
el alma que se pierde al escapar.

Kilómetro Cero,
comienzo de los días que han de venir,
la lluvia que se derrama por ti.

Kilometro 0 - Ismael Serrano