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lunes, 12 de abril de 2010

La Maldita Misma Piedra

Hoy tengo la terrible sensación de ser un animal absurdo que corre desorientado, desbocado por un desierto de miedos y rencores, tropezando a cada paso con la misma piedra, mientras unos ojos, antes amables y familiares, se me clavan en la nuca con una terrible expresión de mofa y desprecio.

Hoy estas líneas parecen el terrible y odioso recuerdo de un momento oscuro y despreciable de mi vida. Hoy el azul cielo da paso al triste gris, que da paso al negro iracundo, malicioso, escéptico, desconfiado.

Hoy el mundo es más inmundo, hoy sufren más los que sufren, y lloran más los que lloran, y matán más los que mienten, y duelen más los engaños. Hoy yo soy peor persona.

¿Cuántas veces puede alguien volver a tropezar con la misma piedra y no caer rendido al borde del camino?

¿Cuántos golpes aguanta un corazón latiendo desbocado?

¿Cuántas grietas hacen falta para partir en dos el alma?

martes, 25 de noviembre de 2008

La Misma Piedra

He vuelto a tropezar en ese maldito bache que pensaba que había borrado de mi camino. Y el golpe ha sido doloroso y humillante. Han dolido los celos y los reproches como pequeños granos de arena que se clavan en la fina capa de carne de la rodilla a través de una herida aun sin cicatrizar y desgarran la piel casi hasta el hueso.

Pero sobretodo duele, humilla la sorpresa, el desconcierto. La decepción de la recaída, la repentina conciencia del error de haber creído que el bache estaba arreglado, que nunca reaparecería. Esa certeza que te golpea como un martillo contra el pecho, que te para el corazón de repente.

Necesito arreglarlo para seguir adelante.

lunes, 25 de agosto de 2008

Adictos al dolor

M.C.Escher - Eye"Qué tendrá la vida que hace que los momentos dolorosos se sientan a veces como los más intensos. Las rupturas, las pérdidas, el dolor, la muerte se viven con más intensidad que la felicidad cotidiana, que la comodidad, que la propia vida.

Y lo peor es que hay gente que depende de esas situaciones, que siente un irrefrenable sindrome de abstinencia hacia el sufrimiento. Adictos al dolor, a la crisis continua. Masoquistas de la vida.

Uno no aprecia lo que tiene hasta que lo pierde, dicen. Qué pena. Qué triste descubrir que sus besos eran los que te hacían feliz cuando ves sus caricias en otro cuerpo.

Qué frustrante descubrir que la familiaridad que has perdido era más intensa que la novedad por la que la cambiaste.

Qué desperdicio pensar que sólo te darás cuenta de que merecía la pena luchar por algo cuando veas que es demasiado tarde para luchar por ello.

Qué patética imagen la del que maquilla lo nuevo para que sea igual que lo que perdió para conseguirlo.

Mi consejo para el que lo quiera: Lucha hoy por lo que tienes, disfruta cada día como si fuera el primero (o el último) y aprende a apreciar lo que tienes hoy para no tener que añorarlo mañana."

Ian D. McOwny

jueves, 21 de agosto de 2008

Hoy soy sólo bilis...

...y odio a Armand Assante.

martes, 1 de julio de 2008

¡Quiero gritar!

Es lo único que se acerca a expresar la rabia que me provoca esa indefensión, esa impotencia. Ese garrote en el cuello que me contrae los músculos, que me pesa sobre la espalda y me hunde en el suelo. Gritar como un loco, a los cuatro vientos, desgañitarme.

O sólo hablar y decirle a quien debería oirlo lo que debería decir, sin filtros, sin cristales de por medio, sin virus que contaminen el mensaje, de viva voz, a quien me escucha sin rencor ni suspicacias. Ojalá fuera así.

O callarme y obviarlo. Esperar una respuesta, ignorar el problema, que se resuelva sólo. Pasar página, dejar que el tiempo cubra el dolor y la rabia. Buscar una falsa normalidad.

O disculparme. desprenderme del orgullo y la dignidad, tirarlos al suelo, pidiendo perdón por no equivocarme. Y recibir una respuesta a mi humillación: Más humillación todavía. No empecemos.

¡Lo que me faltaba!

Ya lo he vuelto a hacer. Lo siento.

jueves, 5 de junio de 2008

Jugando con fuego

Estoy jugando con fuego. Ellos también.

En estos últimos tiempos mi catadura moral ha caido tan empicado como mi autoestima. Pero no es la única catadura que merece juicio. Como en las peores películas, el proceso de obtención de pruebas es ilegal, inmoral. Pero eso no excluye el delito. Y vaya si lo hay.

Me siento como un corrupto inquisidor. Obteniendo confesiones con malas artes. Pero la diferencia es que mi convicción, al contrario de la que solía ser la de éstos, es que son ciertas.

Dirán que no, que fue el contexto, o la subjetividad. Pero está ahí. Y algo hay que hacer. Tarde o temprano, habrá que hacer algo...