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jueves, 21 de agosto de 2008

Ojalá

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan,
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que
baja por tu cuerpo.

Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se acabe la mirada costante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.

Ojalá pase algo que te borre de pronto,
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre.

En todos los segundos, en todas las visiones.
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora, no de gritos que caigan en mi
espalda.
Ojalá que tu nombre, se le olvide a esa voz.

Ojalá las paredes no retengan tu ruido camino
cansado.
Ojalá que el deseo se valla tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.

Ojalá pase algo que te borre de pronto,
una luz cegadora, un disparo de nieve.

Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre,
en todos los segundos, en todas las visiones.
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Ojala pase algo que te borre de pronto,
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre

Silvio Rodríguez

lunes, 30 de junio de 2008

El Amor Valiente


Antes de proseguir debo contarte algo
Algo que llora a cada paso
De cada pequeño peldaño
De esta vida de escalones cada vez más altos

Fue aquella, la noche más larga
Te divisé al final de la calle
Yo quería salir corriendo
Pero no fue el amor tan cobarde

Estabas allí, en lo alto
Al final de una enorme cuesta
Con la mano tendida
Y colgando un pañuelo blanco

Fui subiendo, poco a poco
Como en el peor de mis sueños
Sentía plomo los zapatos
Y cemento mis pies cansados

Como entre arenas movedizas
Seguí y seguí avanzando
Seguí y seguí avanzando
Sin ver que desde la ventana alguien me estaba apuntando

Otra vez volví a creer, aunque fuera por un día
Cuando aquel ángel... cicatrizó todas mis heridas
Y me cubrió con sus alas
Hasta que cesó el ruido de las balas

¿Qué es lo que está pasando?
¿Qué es lo que está pasando?
Está pasando una vez más

Pero fue la última parte
La parte más difícil
Esta vez fue mi propio miedo
Fue mi propio miedo el que casi me deja ciego

Ahora entiendo el sentido de las cosas
El equilibrio de la balanza
El polvo de las estrellas
Las rocas que ahora son arena

Ahora entiendo que cada espina
Y que cada pequeño arañazo
Cada cuchillo por la espalda
Fue tan sólo un pequeño trámite
Tan sólo una excusa idiota

Hace tiempo que yo ya no sonreía tanto


Deluxe

lunes, 9 de junio de 2008

Tras la tormenta

Faro de la Cerda en SantanderHoy es día de resaca. Los últimos días he sufrido la tormenta más fuerte que mi corazón y mis entrañas hayan soportado. Pero hoy me siento como un viejo marinero vislumbrando el faro tras la tormenta. He llegado a buen puerto y puedo contarlo. Pensaba que estaba solo, pero junto a mi alguien más luchaba por atracar. Puede que aun siga luchando.

Queda trabajo por hacer. Ahora hay que cerrar las grietas que han dejado las olas del rencor y la desconfianza, y aprovechar para reparar aquellas viejas y pequeñas que han ido creciendo en el casco por dejadez. Es el momento, el esfuerzo vale la pena. Quiero hacerlo, quiero que lo hagamos juntos.

Aun hay ratos en que me puede la desconfianza. Esa resaca que tira de mi hacia dentro. Pero ahora hay donde agarrarse, quiza antes también lo hubo. A sus abrazos, más sinceros que nunca. A nuestras lágrimas resbalando por la mejilla del otro, que firmaron un pacto. A sus palabras. A sus ojos sinceros.

Gracias

martes, 3 de junio de 2008

Catarsis

Siempre he dicho Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad.

Ayer caí en mi propia trampa. Pedi sinceridad, y la recibí. Aplastante sinceridad. Hay algo más, alguien más. No pasó nada, parece poco importante, pero está ahí. Y ahora me golpea cada segundo en la nuca, me oprime el pecho, no me deja respirar.

Encuentro un leve consuelo en la justificación que ésto da a mi paranoia de los últimos tiempos. Absurdo consuelo, como un mal de muchos, que desaparece al instante, dejando paso a una terrible desazón.

Pero lo encajé. Con verdadera paciencia. Sin celos, con comprensión. Me sorprendí a mi mismo. y hubo una cambio. En nosotros dos, en el ambiente. Crisis, catarsis. Hoy hay calma chicha.

¿Es el final del dolor o el principio del fin? Mi alma espera impaciente a que algo ocurra. Ojalá sea lo primero.