miércoles, 21 de abril de 2010

Tanto Que Duele

Heridas que se cierran
caminos que se cruzan
errores repetidos
miedos

Perdón arrepentido
culpa desconsolada
borrón y cuenta nueva
esperanza

Dolorosa resaca
de un mar de puro llanto
de buenas intenciones
todo amor y dolor

Te quiero tanto... tanto que duele

lunes, 12 de abril de 2010

La Maldita Misma Piedra

Hoy tengo la terrible sensación de ser un animal absurdo que corre desorientado, desbocado por un desierto de miedos y rencores, tropezando a cada paso con la misma piedra, mientras unos ojos, antes amables y familiares, se me clavan en la nuca con una terrible expresión de mofa y desprecio.

Hoy estas líneas parecen el terrible y odioso recuerdo de un momento oscuro y despreciable de mi vida. Hoy el azul cielo da paso al triste gris, que da paso al negro iracundo, malicioso, escéptico, desconfiado.

Hoy el mundo es más inmundo, hoy sufren más los que sufren, y lloran más los que lloran, y matán más los que mienten, y duelen más los engaños. Hoy yo soy peor persona.

¿Cuántas veces puede alguien volver a tropezar con la misma piedra y no caer rendido al borde del camino?

¿Cuántos golpes aguanta un corazón latiendo desbocado?

¿Cuántas grietas hacen falta para partir en dos el alma?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Recuerdos

Aún recuerdo esa tarde en el Café del Real, con mi mano sobre tu rodilla como quien se aferra por primera vez a lo que sabe que será lo más importante de su vida.

Y aquella vez, caminando bajo el cielo gris pálido de Naugarder Strasse, ateridos de frío, en busca de aquel pequeño apartamento, mientras pensaba en el camino recorrido y en el incontrolable deseo de seguir andándolo junto a ti.

Sigo sintiendo, como si fuera ayer, la fuerza del mar y las olas golpeando, acelerando mi corazón y mis sentidos en ese acantilado de Ubiarco que compartiste conmigo.

No olvido la lluvia chorreando por toda mi ropa mientras te contemplaba, también empapada, en la vorágine de una lluviosa noche de verano en Upper Berkeley Street, sintiendo casi por telepatía tu ilusión, esa hambre de nuevas experiencias que te movía a toda velocidad a través de la calle.

A veces te sueño otra vez en aquella silla de mimbre, junto a esa cabaña en la playa de Punta Umbría, disfrutando de la vida que sabía que quería compartir contigo.

Parece que fue ayer cuando caminábamos de la mano, exhaustos tras un día de calles estrechas y oscuros y preciosos canales por la calle Frezzaria camino del arco de la Biennale, y yo fantaseaba con volver algún día y sentarme junto a ti en esa pequeña cafetería de la esquina a recordar ese momento.

Si cierro los ojos, todavía puedo verte tumbada junto a mí en una playa de agua cristalina en la bahía de Porto Conte, pensando en que la vida debería ser siempre así.

Y de recuerdo en recuerdo, de momento en momento, ya hace 2 años que la vida me sonríe, que mi mundo ya no es sólo mío, que nada importa hasta que te lo cuento.

Una y otra vez, Gracias. Una y mil veces más, te quiero.

jueves, 8 de octubre de 2009

Si se callase el ruido

No te dejará dormir este estrépito infinito
que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos.
Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar
las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.

Ruido de patriotas que se envuelven en banderas,
confunden la patria con la sordidez de sus cavernas.
Ruido de conversos que, caídos del caballo,
siembran su rencor perseguidos por sus pecados.

Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras
que trae el fin del mundo la luz de la diferencia.
Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades
agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.

Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros,
traen de sus almenas la paz de los cementerios.
Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto,
de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.

Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Ismael Serrano

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Vuelta

Por fin es viernes.

Dejo el coche aparcado junto a esa dichosa línea azul. Salgo y camino cansado bajo los perpetuos andamios oxidados que cubren las paredes de la acera de los impares de la calle Palencia. Con esa polvorienta y ajada tela marrón y verde, como un manto de hojas caídas empujadas por el viento en la vertical de un decrépito edificio de 7 plantas.

Acelero el paso bajo los postes metálicos que apuntalan la estructura, mientras siento el suave cosquilleo del viento frio de septiembre en la nuca. A través de los edificios del otro lado de la calle, se divisa un cielo de un gris mortecino, apenas cálido, más bien templado y melancólico.

Mientras doblo la esquina, siento el calor asfixiante de los ventiladores de la ensordecedora máquina de aire acondicionado de la tienda de la esquina. Vuelven a mi mente las imágenes del último septiembre: casa y sofá, café y abrazos, besos y tardes al calor de una vieja manta compartida.

Me encanta el otoño junto a ella.

viernes, 14 de agosto de 2009

Bruma

Bajo las gotas de lluvia perpetua, transcurre esa serpiente de agua marrón que atraviesa de lado a lado la ciudad, salpicada de viajeros, grandes y pequeños, nuevos y cotidianos.

Los puentes de ladrillo y gris hormigon diurno, se dejan invadir por las amarillentas luces nocturnas; entre sus restos y sus templos, sus mestizos, sus barrios y sus vicios surge la marea de gente y vanguardia.

Con su pop, su indie, su mod, sus tribus, sus pubs, su rancia modernidad perpetua. Con su clásica vanguardia, con su moda retro, con sus continuas contradicciones, con esa bruma constante hecha de exitos y decepciones, de incendios y reconstrucciones, de personas, sentimientos y movimientos.

Definitivamente, tengo que volver.