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martes, 25 de noviembre de 2008

La Misma Piedra

He vuelto a tropezar en ese maldito bache que pensaba que había borrado de mi camino. Y el golpe ha sido doloroso y humillante. Han dolido los celos y los reproches como pequeños granos de arena que se clavan en la fina capa de carne de la rodilla a través de una herida aun sin cicatrizar y desgarran la piel casi hasta el hueso.

Pero sobretodo duele, humilla la sorpresa, el desconcierto. La decepción de la recaída, la repentina conciencia del error de haber creído que el bache estaba arreglado, que nunca reaparecería. Esa certeza que te golpea como un martillo contra el pecho, que te para el corazón de repente.

Necesito arreglarlo para seguir adelante.

jueves, 21 de agosto de 2008

Hoy soy sólo bilis...

...y odio a Armand Assante.

viernes, 4 de julio de 2008

Fragmento del cartel de Jealousy (Del lat. zēlus, ardor, y este del gr. ζῆλος, der. de ζεῖν, hervir).

1. m. Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo.

2. m. Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.

3. m. Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro. U. m. en pl.

4. m. En los irracionales, apetito de la generación.

5. m. Época en que los animales sienten este apetito.

6. m. Período del ciclo menstrual de la mujer en que se produce la ovulación.

7. m. pl. Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.

dar ~s alguien a otra persona.

1. loc. verb. Darle motivo para que los sienta.

pedir ~s a la persona amada.

1. loc. verb. Hacerle cargo de haber puesto su cariño en otra.

viernes, 6 de junio de 2008

Romper


Estoy temblando de frio, pero me arden las entrañas.
Quizas me encuentre vacio o es que estoy lleno de nada.
Lleno de nada es lo mismo que disparar contra el agua.
Desde que tu te marchaste no es habitable esta casa.

Ya he ordenado los libros, La ropa, te has olvidado una falda
Estoy borrando tus huellas del mapa. Que no quede nada, nada
Voy a seguir siendo el mismo, con los amigos de siempre
cuando se acaba el concierto,al final,se marcha la gente

Y yo me quedo conmigo y los pocos que me entienden
tu ya no vales la pena y no puedes mirarme de frente
ya he ordenado cuadernos y fotos, algunas voy a enterrarlas
Estoy borrando tus huellas del mapa. Qué no quede nada

Me he comprometido conmigo a no mirar de lado
Sabes que el pasado es un catarro mal curado en la conciencia
no existe la ciencia que cure la ausencia
no queda más remedio que romper



Romper, morirme si te vuelvo a ver
Romper, sólo espero que no seas feliz con él
No te atrevas a llamarme cruel
no te atrevas a llamarme otra vez


Luis Ramiro

jueves, 5 de junio de 2008

Jugando con fuego

Estoy jugando con fuego. Ellos también.

En estos últimos tiempos mi catadura moral ha caido tan empicado como mi autoestima. Pero no es la única catadura que merece juicio. Como en las peores películas, el proceso de obtención de pruebas es ilegal, inmoral. Pero eso no excluye el delito. Y vaya si lo hay.

Me siento como un corrupto inquisidor. Obteniendo confesiones con malas artes. Pero la diferencia es que mi convicción, al contrario de la que solía ser la de éstos, es que son ciertas.

Dirán que no, que fue el contexto, o la subjetividad. Pero está ahí. Y algo hay que hacer. Tarde o temprano, habrá que hacer algo...

martes, 3 de junio de 2008

Catarsis

Siempre he dicho Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad.

Ayer caí en mi propia trampa. Pedi sinceridad, y la recibí. Aplastante sinceridad. Hay algo más, alguien más. No pasó nada, parece poco importante, pero está ahí. Y ahora me golpea cada segundo en la nuca, me oprime el pecho, no me deja respirar.

Encuentro un leve consuelo en la justificación que ésto da a mi paranoia de los últimos tiempos. Absurdo consuelo, como un mal de muchos, que desaparece al instante, dejando paso a una terrible desazón.

Pero lo encajé. Con verdadera paciencia. Sin celos, con comprensión. Me sorprendí a mi mismo. y hubo una cambio. En nosotros dos, en el ambiente. Crisis, catarsis. Hoy hay calma chicha.

¿Es el final del dolor o el principio del fin? Mi alma espera impaciente a que algo ocurra. Ojalá sea lo primero.

viernes, 30 de mayo de 2008

Rompiendo Momentos

Tengo razón. Algunas veces no, pero esta vez sí. Yo lo sé y ella también lo sabe. Pero cuando las palabras salen de mi boca, de repente suenan a amenaza, a desafío. Suenan crueles o excesivas.

Y eso que yo soy el sensible, ñoño, dice. Es ella a la que le cuesta expresar lo bueno, la que se esconde continuamente en la ironía y en la rudeza para sobrevivir. Pero entonces no. En ese momento ella se transforma en un pequeño ser vulnerable, afligido y apesadumbrado. Y a mi se me cae literalmente el alma a los pies. Y ocurre. Se rompe el momento. Todo se bloquea. Aparece un incómodo silencio que se podría cortar con cuchillo.

Y entonces cualquier intento de volver a lo bueno es peor. La disculpa muestra mi flaqueza y me quita la razón. La insistencia es un puro agobio. La pasividad se transforma en una angustía que me desgarra el alma.

Y duele.

Y solo el sueño lo mitiga.


Eso y sus abrazos.

miércoles, 28 de mayo de 2008

¿Por qué?

¿Por qué no los controlo? Antes siempre podía. Era mi mejor cualidad. Sabía abstraerme, olvidarlo, relativizarlo. Ya no. Me dominan, me manejan a su antojo, me llevan por el mal camino, me vuelven totalmente loco.

A veces intento justificarme. Me digo que es porque ahora todo es más fuerte, porque ésta es la definitiva. Que se me pasara poco a poco. Que no tengo de que preocuparme, que es un mal menor. Me convenzo de que ella lo entiende, que lo puede soportar, que tendrá la paciencia necesaria para sobrellevarlo hasta que termine.

Otras veces utilizo el rencor y busco la culpa. La suya. Porque me miente, me provoca, porque lo sabe y continua ¡Maldita testaruda!. Me transformo en aquello que nunca quise ser, me vuelvo paranoico... me doy asco. No quiero ni pensarlo.

A veces encuentro consuelo en el grito o en la rabia y otras muchas en esos hombros perennes en los que llorar. Y lloro, y grito, y reviento... y duermo. Y todo se acaba....al menos por esta vez.